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GUILETTA

Imatge
  Todas las mañanas, camino del despacho, pasaba por el concesionario de automóviles de su barrio. No podía, ni quería evitarlo, el vistazo rápido era costumbre. Aquel día se quedó clavado en el gesto. Los ojos le brillaban, y volvió al niño que fue, pegando las manos en el cristal del escaparate. ¡Dios! Ahí estaba, el coche, por excelencia. Un fascinante Alfa Guiletta azul oscuro metalizado resplandecía bajo las luces de la exposición. Tanto fue su calmado apasionamiento, que llamo la atención de uno de los vendedores del interior, que gesticulaba, animándole a entrar. Empapado de sorpresa, se apartó del cristal y empujo la puerta. Tuvo la sensación de entrar en otra dimensión. La calefacción del local, el ambientador sutil junto con el hilo musical de viejas canciones italianas, le transportaban a no sabe donde. El comercial, un desecho de amabilidad, abriéndole la portezuela, le invitaba a sentarse y disfrutar de la joya. Un asiento tapizado en fina piel bei...